Me encuentro viendo un partido de futbol entre el Guadalajara y el Querétaro. Es un partido entretenido. Por un lado juega el equipo más vistoso hasta el momento, las chivas, y un equipo que está luchando por mantenerse en la primera división del futbol Mexicano.
Al momento que veo esto me pregunto ¿Por qué carajos me gusta el futbol?
Sé perfectamente que es una práctica controlada con hilos invisibles, manejada por la gente más poderosa del País, que son los verdaderos dueños del balón; que existen cantidades exorbitantes y que hasta el partido más inocente (hasta en un juego llanero) el dinero pone muchas reglas del juego, las desaparece o las coloca a su conveniencia.
También sé que los jugadores viven en un mundo como el de todas las personas que adquieren dinero de cierta forma “fácil”, un mundo paralelo; en un país que sólo la gente que puede pagar cuentas de comida de 15mil pesos pueden enender. Jugadores que son más actores que los de televisión y más sufridos en la cancha que una mujer maltratada.
También sé que los aficionados radicales (que viven y sueñan con futbol) son tan esquizofrénicos, petulantes, pedantes e intolerantes, son como una mezcla entre todos los personajes intolerantes de todos los sentidos y no ves venir el momento en que puedan sentirse humillados y por ende, te quieran agredir en la forma en que ellos puedan.
No sé por qué siendo una persona tan analítica pueda, aún sabiendo todo esto acerca del futbol, ver y disfrutar 90 minutos de un deporte en apariencia tan simple, en forma tán fácil y en práctica tan groseramente complicado.
No lo sé pero al final de todo, todos terminamos siempre diciendo…
¡México, México RA RA RÁ!
¡Y que vivan los gloriosos Pumas de la Universidad!