No recuerdo muy bien la primera vez que escribí algo, estoy seguro que fue en la primaria, como a los 10 o 12 años (o pudo ser entrando a la secundaria) pero siempre he tenido la manía de escribir como si me fueran a leer muchas personas, o al menos como si lo fuera a leer alguien más. Nunca escribo para mí, por más personal que esto sea.
Pensando un poco en las conferencias de la Campus Party (de las que platicaré cuando todos hayan dejado la euforia de la misma), comprendí que si algo no quiero ser es una marca de mí mismo (jaja). Respeto mucho a la gente que lo hace, de hecho me gusta mucho leer blogs personales pero para ser francos mi vida en el internet no es la de el “chavo cool” que busca la mayor cantidad de followers o más “amigos” en el facebook y menos en el “jaifai”.
Aún así (y aquí entramos en la contradicción propia de mi ser), me gusta contar el mundo desde mi punto de vista, desde la forma absolutamente egoísta en que uno le toma forma al mundo, así que lo único que me queda para encontrar paz interna (jajaja) es cambiarle el nombre a esto. Aunque el nombre “El Diván” era (o es) un juego de palabras poco original entre mi nombre y ese espacio raro del que muchas veces NADIE se acuerda, si hace creo yo, una alusión que simplemente ya me da hueva encontrar.
Hace unas semanas me gané un dominio, así que próximamente nos cambiaremos a elblogcito.com.mx
Y la vida seguirá como siempre…