Toda mi vida he tenido que aguantar a maestros que les caigo y me caen mal. SIEMPRE.
No se si sea una personalidad tan polarizada, porque o me llevo muy bien con los maestros o me llevo extremadamente mal. Pero ciertamente tengo un imán para cagarle a los maestros.
Este cuatrimestre en la Universidad no es la excepción. Lo peor es que en la mayoría de los casos son en realidad malos maestros.
Ya no quiero profundizar en lo que hoy pasó, simplemente contaré que esta maestra o más bien profesora, me quitó el examen sin motivo alguno y cuando le cuestioné el por qué alegó que platicaba y tomo a una inocente compañera que estaba sentada a lado mío (la cual de por sí no creo caerle muy bien). Pero lo que más me molestó fueron dos cosas; la primera que, para justificarse al escuchar a mi compañera sus suplicas (casi humillantes la verdad), sólo se le ocurrió el maravilloso dicho “no hagas cosas buenas que parezcan malas”, o sea WTF!; y la segunda es que comprobé nuevamente que un idiota teniendo un poco de poder siente la gracia divida en sus manos.
En fin… me iré a ver House para desestresarme.